Se busca dragón para defender un tesoro: MediaLab Prado

27 Feb

De las muchas maneras en las que se puede definir la cultura, hay una generalista e interesante llamada “funcional”. Esta manera funcional de definir la cultura viene a decir que es la forma en la que los seres humanos solucionamos nuestros problemas de adaptación, tanto a nuestro medio ambiente como a nuestra vida en común. Y nos viene bien esta definición porque vamos a enfrentar dos tendencias contrapuestas sobre la forma de aplicar esa cultura que tiene mucho que ver con esta definición.

Simplificando mucho, en una primera tendencia la cultura representa algo pasivo que se recibe de generaciones anteriores y de nuestro entorno. Son las instrucciones con las que entender el mundo y cómo comportarnos en él. Busca perpetuar lo que “funciona” sin demasiados cambios. Como dicen los anglosajones No news, good news”. En ella el paradigma del comportamiento se encuentra en el pasado y se aplica al presente. Por tanto, viene dictada por estructuras de poder y ofertadas al común de los mortales como normas de conducta que perpetúen la “tradición”. El flujo suele ir de arriba abajo .

Por otro lado (insistimos, simplificando mucho) hay otra tendencia según la cual, la cultura consiste en una intervención constante en la realidad para intentar comprenderla y adaptarse a ella. En esta tendencia no se renuncia de dónde se viene, sino que se utiliza como base para el cambio. Parafraseando el aforismo anglosajón New news, good news”. En ella el paradigma del comportamiento se encuentra en el presente y se aplica a futuro. Por tanto, se investiga la actualidad para establecer las normas de conducta y acomodarse a esa nueva realidad. El flujo suele ir de abajo a arriba.

Cada tendencia (las cuales resultan perfectamente compatibles e incluso complementarias) cuenta con sus propias estructuras de desarrollo; si bien es cierto, que la primera cuenta con una apabullante mayoría respecto de la segunda. Una de las estructuras de esta segunda tendencia es sin duda el Medialab Prado y nos hemos encontrado con la desagradable noticia de que el Ayuntamiento de Madrid, planea trasladarlo y “redefinirlo” o “refrescarlo” según el responsable de turno al que se pregunte.

La pregunta es: ¿por qué?

Este espacio, creado en el 2007 por el Ayuntamiento de Madrid, es una de esas entidades cuya simple definición ya anticipa la sofisticación del concepto. Si nos metemos en la sección ¿Qué es? de la página web de MediaLab Prado (así como en la página oficial del Ayuntamiento de Madrid) podremos ver el siguiente texto:

Medialab Prado es un laboratorio ciudadano que funciona como lugar de encuentro para la producción de proyectos culturales abiertos. Cualquier persona puede hacer propuestas o sumarse a otras y llevarlas a cabo de manera colaborativa. La actividad se estructura en grupos de trabajo, convocatorias abiertas para la producción de proyectos, investigación colaborativa y comunidades de aprendizaje en torno a temas muy diversos.”

Si se continúa un poco más abajo en la página del Medialab Prado se puede leer:

“Las actividades son abiertas y gratuitas. Puedes participar en las numerosas convocatorias que se publican a lo largo del año, crear o seguir proyectos en la comunidad online o enviar propuestas de nuevos grupos de trabajo o actividades.”

Hagamos una prueba, intentemos explicar a alguien -que no conozca dicha entidad- qué es, e intentemos hacerlo con menos de 10 palabras. Complicado ¿verdad? Es lógico, estamos ante una “metaestructura”, es decir, algo que se encuentra a un nivel paralelo y distinto del cotidiano, algo que lo sustenta.

A lo mejor, elucubrando sobre lo que “no es” encontraríamos algo de luz. MediaLab Prado, no es un museo (pero sí se expone arte). No es un laboratorio de ideas (pero se generan en él ideas continuamente). No es un centro de debate (pero es lo que estructura su actividad). No es un sitio dedicado a las nuevas tecnologías (pero son el alma de su desarrollo). No es un lugar de encuentro (pero está acondicionado para acoger desde grupos pequeños a grandes eventos). No es un centro vecinal (pero es un punto de reunión del barrio). No es la cabeza visible cultural a nivel internacional (pero forma parte de la red internacional que referencia toda la cultura). No es algo inamovible (pero la sede se reformó exprofeso para convertir una serrería en un espacio pensado para regenerar ese entorno específico del lugar donde se encuentra).

Entonces, ¿qué es? Creemos que Medialab Prado es una estructura posibilitadora, por lo que, la única forma de conocerlo es proponer, participar o intervenir en alguno de sus proyectos o propuestas, de la manera que mejor nos venga. Es un espacio de referencia a nivel internacional, nacional, autonómico y local. Las inscripciones a conferencias, talleres y cursos se agotan en días. La red está inundada de reseñas y referencias a él. Entonces, ¿cuál es el problema? Recuperamos aquí la pregunta mencionaba más arriba y las ampliamos un poco: ¿Por qué redefinir algo que funciona? ¿Es que hay algo mal definido? ¿Por qué se va a trasladar la sede de un proyecto que ha sigo específicamente diseñada para la zona y el edificio donde se encuentra?

Según un artículo del mundo de 24 de febrero de 2021, el Ayuntamiento de Madrid planea trasladar el Medialab Prado desde su sede actual, en pleno eje del salón del Prado (insistimos, desde 2007) al Matadero de Legazpi. Lo llevan al matadero (sería gracioso si no fuera trágico). Ya de por sí, este traslado contraviene lógicas de inversión y diseño del propio Ayuntamiento (recordemos que se sacó un concurso público por mediación del COAM[1] donde se especificaban las condiciones que debía tener el proyecto final en función de su uso y del espacio específico). Tampoco tranquiliza ver la evolución de las relaciones del Medialab con el equipo de gobierno de la ciudad desde el giro de timón de las últimas elecciones: desaparición de proyectos, no renovación de presupuestos, la salida de su director, etc. Si se profundiza en la lectura del artículo se puede leer literalmente:

“[…] Con este movimiento, el Área de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid impulsa una nueva estrategia para sus proyectos MediaLab Prado y Matadero Madrid.”

Y continúa:

[…] Según explican fuentes del Área de Cultura, Turismo y Deporte, dirigida por Andrea Levy, para esta nueva etapa de MediaLab se convocará un concurso público de proyectos del que saldrá una redefinición de sus objetivos y alcance, así como un nuevo responsable de contenidos y un programa de trabajo para los próximos años.”

(el subrayado es nuestro)

No es inocente que la primera reseña que tengamos de este abrupto cambio nos llegue de una noticia, cedida en primicia a un medio de comunicación. ¿Ha habido algún anuncio o declaración oficial por parte del Ayuntamiento o el Área de Cultura, Turismo y Deporte? La respuesta es no. Sin embargo, la propia política de transparencia del Ayuntamiento de Madrid nos proporciona algo más de información. Si nos vamos a la web municipal y podemos acceder a las distintas comisiones de gobierno que existen en la corporación, entre ellas, la de Cultura, Turismo y Deporte. En su sesión del 16/02/2021 encontramos una pregunta del grupo socialista en referencia al Medialab Prado, en la que se interpela al Área de Cultura, Turismo y Deporte sobre los planes para esta entidad. Contesta a la pregunta el director de la Empresa Municipal Madrid Destino Cultura, Turismo y Negocio, S.A., Fernando Benzo Sáinz. La conversación es breve y el texto de la transcripción también (a penas una página y media) pero es muy esclarecedor. Un párrafo nos expone de forma tácita el motivo de la “redefinición” del Medialab Prado:

[…] “…queremos que Medialab se convierta en un hub de las industrias culturales; queremos que sea un punto de encuentro donde empresas, fundaciones, asociaciones, artistas y profesionales del sector cultural y de la innovación puedan encontrarse…”

[…] “… que Medialab se convierta en un observatorio de las industrias culturales, que sea una plataforma de data cultural y de desarrollos digitales para el sector y queremos, además, que todo ello se haga desde Madrid pero con una vocación internacional.”

(el subrayado es nuestro)

Como siempre, “redefinir” para determinados sectores de la sociedad, significa sacar de la ecuación a la gente, a la transversalidad, a la variedad. Siguiendo con lo que decíamos de las dos tendencias en referencia a la cultura, cuando se impone sólo una de ellas perdemos riqueza y oportunidad. ¿Qué sentido tiene restringir el acceso a una estructura como el Medialab Prado y limitarla solo a la industria y al sector consolidado? ¿qué se gana imponiendo que la capacidad de propuesta venga en exclusiva de sectores ya afianzados y se pierda por tanto la contribución nueva de base?

En España, y específicamente en Madrid, cada vez que se pone en marcha un proyecto innovador que esté abierto a la actitud, opinión y participación de las personas, sin importar el currículum “oficial” y la cantidad de presupuesto que maneje, ha sido un éxito. Un ejemplo práctico: el proyecto Mares (otra idea gestada en el Ayuntamiento de Madrid que no ha tenido continuidad por el cambio de equipo de gobierno) buscaba “la transformación urbana a través de la economía social y solidaria, que busca fomentar iniciativas productivas”. Este proyecto dio sustento, asesoramiento y razón a una multiplicidad de proyectos, uno de los cuales es el primer supermercado cooperativo de España: La Osa.

Nada más saber la noticia, la base social del Medialab Prado se ha puesto en marcha organizando una concentración el mismo día de la noticia y haciendo público un manifiesto en donde se piden cosas tan básicas como información, claridad, explicación y dialogo. Si Madrid quiere seguir avanzando en ser vanguardia de la cultura europea, no se puede permitir estos tropiezos en el camino, cuya opacidad y capricho se pueden fácilmente confundir con otras inapropiadas intenciones. La innovación en la cultura debe tener la importancia que se merece, ya que trata en última instancia, de dar solución a problemas nuevos de la vida cotidiana. Es a lo que se dedica el Medialab Prado, de forma abierta, transversal y gratuita; y en este propósito debe continuar, aportando con la misma o mayor capacidad de creación y en la misma sede para la que fue concebido. Cualquier otra cosa habrá que fundamentarla concienzudamente.

Esta entrada es una colaboración de
Nacho Benítez


[1] Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

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